lunes, 1 de marzo de 2010

hace un año

Hace un año. Ha pasado a tal velocidad que me cuesta creer que se esté cumpliendo, me cuesta recapitular todo lo que ha sucedido. Pero recuerdo muy bien la sensación.

Hace un año tenía sentimientos encontrados, viendo a un excelente amigo y gran maestro partir. Sabiendo que lo iba a extrañar terriblemente, ahí sentado en su escritorio gruñendo cuando lo iba a interrumpir y también junto a una botella de tinto, renegando de todo.

Repetí un patrón, poco sano pero común en mí, de evadir el último momento de la despedida, hice de cuenta que no pasaba nada. Lidié con la idea de que era triste que se fuera pero para mí, como para nadie, era la mejor noticia.

Me atacaba también el pánico del gran reto que significaba llenar sus zapatos, tomar su lugar y hacerlo al menos la mitad de bien que lo hacía él. Dejaba en mis manos un monstruo que domar y altas expectativas que cumplir.

Por otro lado, tenía una enorme emoción, un sentimiento de estar orgullosa de mi misma y de saber que estaba dando un paso fundamental en mi carrera profesional, en esa parte de mi vida sobre la que en términos generales nunca he perdido el control.

La tranquilidad de saber que iba por el camino correcto, que la ruta trazada se iba cumpliendo. El gusto de comprobar una vez más que no me había equivocado en la vocación.

Como dije, en el camino han pasado muchas cosas. Mil situaciones que se entrelazan, que se impactan unas a otras, que se colapsan y que, aunque lo niegue, repercuten entre sí.

A un año de distancia, puedo ver las cosas con mucha más tranquilidad. Hoy, la motivación vence al temor, los aprendizajes están a flor de piel. Sé que no han concluido, pero porque esto es un proceso constante.

Hubo quien en el camino decidió bajarse del barco, no compartir el viaje… quién sabe, tal vez fue un lastre menos para soltar amarras y navegar más libre.

Hoy, quiero hacer público mi agradecimiento a Guido Gaona y Claudia Adriasola, los primeros dos en confiar en mí para este reto. A Luis Carlos Rábago, el inigualable cómplice que he tenido a lo largo de estos años. A todos quienes forman (y han formado parte) de este equipo que es, por mucho, el mejor al que cualquier podría aspirar.

Sin cada uno de ustedes este año simplemente no hubiera sido posible.

3 comentarios:

Juan Valdez dijo...

"Sos una compradora", dirían en el cono sur... en el fondo nuestros éxitos y fracasos están vinculados, compartimos suerte y nos debemos mutuamente las guerras ganadas y perdidas. Ojalá la distancia no nos hubiera cambiado tanto. Ojalá la distancia, al final, termine por volver a acercarnos.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola, me encanta todo lo que tienes que decir. Me gusta mucho tu personalidad y cómo la expresas. Eres un orgullo para todos los que te conocemos. Gracias por compartir.

Yazmín Culebro

La Iti dijo...

Sólo una cosa tengo que decir: "Cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo". ¡Te quiero!