lunes, 14 de septiembre de 2009

amar a morir

Si es cierto eso de que el amor puede durar más allá de la muerte, creo que acabo de atestiguar un caso.

Se conocieron hace muchos años, más de 60 tal vez. Se enamoraron de inmediato. Ella llegó a su casa, tras visitar a una compañera de primaria, diciendo “¡tiene un hermano guapísimo!”, es el primer recuerdo de él.

Poco bastó para que se volvieran parte de ambas familias, se casaron, tuvieron seis hijos, y se convirtieron en el modelo de pareja que muchos quisieramos formar.

Mi recuerdo de ambos es de alegría eterna, risas, buen humor (un poco negro pero bueno)… claro que dicen sus hijos que tenían su lado exigente y supongo que así debía ser para controlar una familia de ese tamaño.

Para nosotros, ir a su casa era fiesta inmediata, tanto que llegamos a pasar largas temporadas literalmente viviendo ahí. Eran como otros padres, sus hijos son como mis hermanos.

Hace dos años (casualmente creo, justo el día de mi cumpleaños) ella murió. Recuerdo el día y recuerdo una de las mayores tristezas que he sentido. Pero nos dejó la gran enseñanza de que una familia unida lo supera todo, de buen talante y con una sonrisa en la cara… aunque cueste mostrarla.

Ahí, él nos dio una de las primeras muestras de su infinito amor, por única vez lo vimos tomar el micrófono, hablar ante todos con el corazón. Reiteró el amor que sintió desde el primer día, recapituló la felicidad que a su lado vivió durante años y nos invitó a recordarla como él siempre lo haría, con la alegría que cada día nos regaló.

Los meses siguientes se dedicó no sólo a honrar su memoria, si no a vivir como ella hubiera querido. Rodeado de su familia y amigos, buscando e inventando momentos para estar juntos, para celebrar, para decirnos con palabras o sin ellas cuánto nos queríamos.

Dos años después, dos años exactos, también el día de mi cumpleaños, él se empezó a ir. Todavía no entiendo por qué eligieron esa fecha, pero confieso que me enojó bastante. El caso es que de un accidente que parecía insignificante se empezó a apagar. Sólo pasó un mes antes de que la alcanzara.

La única conclusión a la que pudimos llegar fue que no quiso seguir viviendo sin ella y prefirió ir a buscarla. Lo que más nos enseñó sin duda, es que el amor dura, trasciende, mueve, inspira… más allá de la vida y de la muerte. “Ya están juntos” me dijo un amigo para consolarme. Pensándolo fríamente y con mi dolor a un lado, creo que es cierto.

Cuando ella murió, me dolió ante todo dudar si alguna vez le había dicho todo lo que significaba para mí, con él no perdí la oportunidad. Espero que ya le haya dado el mensaje.

Lo que nos queda es la enseñanza de ambos, poner a la vida buena cara… y amar a morir!

3 comentarios:

Ollinyotl dijo...

Muy bonito relato. Me puso a pensar mucho. A pensar que el amor es un sentimiento que se contruye un día sí y el otro también. Que no es algo que surge y ya. Uno debe ser consciente de que el amor se contruye y luego se cultiva hasta trascender. Saludos!

Luis Eduardo dijo...

Una más de las enseñanzas, una muestra de lo que ahora nos parece imposible, irreconciliable, tristemente histórico...

El recuerdo y la magia que ellos generaron alreedor de su vida es uno de los más grandes regalos; el que ahora lo compartas (y lo leamos con admiración y respeto) es mantenerlo, incrementarlo y honrárlos en la justa medida de su historia. ¡Gracias!

luiesco dijo...

Simplemente me encantó. Me gusta cómo transmites tus sentimientos.
Saludos
P.S. Es la primera vez que comento en un blog...