domingo, 9 de mayo de 2010

goya

Hacía muchos años que no iba al estadio sin stress de por medio. Es decir, por el puro gusto de un partido de futbol sin dejar el corazón en la cancha con ninguno de los contendientes.

Tengo que reconocer que volver al estadio de CU es volver a los orígenes de mi intrínseca relación con el futbol. Fue en esas gradas donde aprendí a amar este deporte, a vivirlo en carne propia, a gritarle insultos (en aquel entonces muy creativos) a un árbitro y a dar instrucciones a cada uno de los jugadores. A gritar un gol en la explosión de todos los nervios acumulados y a llorar una derrota.

Pues si, a la porra de los Pumas (aquella de hace más de 25 años que era creativa, respetuosa, compañera y cuidadosa) le debo en buena medida mi actual amor por el futbol.

Volver a ese estadio es regresar a mi infancia cuando iba de la mano de mi papá, a cuando aprendí de futbol soccer y de americano, porque también ahí vi jugar en repetidas ocasiones a Cóndores.

Tengo que reconocer que volver a escuchar un Goya en miles de gargantas de auténtica afición me emocionó, lo sentí y si, recordé cuando era yo quien lo entonaba, más por una empatía con mi padre que por una filiación como la que hoy tengo con otro equipo.

CU va a ser siempre el lugar donde aprendí a amar este deporte, hoy me doy cuenta de que a lo Pumas tengo algo que agradecerles.

De pronto, me descubrí nerviosa, con ese característico nudo en el estómago, externando mi opinión y gritando indicaciones a los jugadores. Maldición, ya estaba dentro del partido otra vez.

Y es que el futbol, sobre todo en el estadio, no sólo se ve. Se respira, se siente, se vibra… se vive. Miraba a los amigos, a los que si son Pumas auténticos y entendía perfectamente esas miradas que reflejan el deseo de bajar a la cancha y resolver personalmente cada jugada. Y entonces, fui parte de eso. De ese grito, de ese canto y de esa emoción. De mi garganta volvió a salir un Goya muchos años después.

El dato poco grato, el estadio estaba muy lejos de estar lleno. Me atrevería a decir un poco más de la mitad de su capacidad. ¿Dónde estaban los cientos de miles de Pumas que con el bicampeonato llenaron las calles? ¿Dónde se metieron todos esos que se burlan en la temporada regular de los otros y que gritan consignas cual si fueran propias? Un aficionado auténtico, porta el uniforme y levanta la cara hasta el último minuto aún de la goliza más despiadada. Tristemente, creo que se confirma mi teoría de que este gran equipo se ha llenado de villamelones.

Soy y seré Rayada, con campeonatos, eliminaciones, liguillas o lo que sea. Ese se ha vuelto el equipo de mis amores, ese me hace llorar, reír y me deja sin habla. Pero hoy me di cuenta de dos cosas:

  1. Amo el futbol, por el futbol en sí… con todo y lo que ese deporte en nuestro país implica
  2. Siempre es bueno, en algún momento, volver a los orígenes

Gracias a JC por ponernos ahí. Gracias a Aldo, Miri, @luis_eduardo y @Playadura por dejarme compartir una tarde de afición (con todo y el resultado), cuatro auténticos y orgullosos Pumas de corazón. Será un placer encontrarnos nuevamente el próximo torneo.

1 comentario:

Luis Eduardo dijo...

Me tocó vivir algo parecido contigo hace unos meses. La sensación es la misma.
Gracias por comentarlo tan emocionalmente, tan de entrañas, tan de FUTBOL.
Gracias por ayudarnos a regresar a ese estadio que igual me ha visto llorar de emoción que de tristeza (y aquí se que hablo por Miri y aldo, también)