domingo, 15 de febrero de 2009

ir al súper

Cuando era estudiante universitaria, una vez nos dejaron de tarea ir a un sitio público (llámese restaurante, cafetería, centro comercial o lo que sea) y elegir al azar una pareja o grupo de personas e inventar su historia.

Me gustó tanto el ejercicio que confieso que lo agarré de costumbre. Así de pronto me encuentro comiendo, en el club o hasta en la iglesia (de esas raras veces que me meto) creando historias de los personajes a mi alrededor.

Pero mi favorito es en el súper. Ir viendo los carritos de compra, observando a las personas y adivinando qué hay detrás.

Están por ejemplo las parejas que van juntos pero separados, osea ella empujando el carrito y llenándolo de cosas, él un par de metros adelante y con cara de fastidio. Generalmente estas parejas llevan el carro rebosando, con todo tipo de viandas, desde carne congelada, frutas y verduras, cereales, yogurt, hasta cierto tipo de antojos como danoninos, peperamis, gansitos y demás. El diagnóstico es que es un matrimonio ya con sus buenos 10 años de casados, dos o tres hijos que empiezan a entrar en la adolescencia y a los que hacen esfuerzos por educar en sus hábitos alimenticios pero les cumplen sus antojos insalubres.

Luego están las parejas jóvenes, que cada pasillo se besan y apapachan. El carrito suele llevar cosas de lo más dispares. Como 7 litros de leche, 2 manzanas, 1kg de jamón y otro de queso, un paquete de 4 rollos de papel de baño, tres presentaciones diferentes de maestro limpio y tal vez algo como cervezas o un par de botellas de vino. Estos son los recién casados, para quienes todavía es una aventura emocionante ir juntos al súper pero que todavía no tienen la menor idea de qué comprar. Entonces el jamón y el queso se vuelven verdes y el papel de baño no dura ni una semana.

Andan por ahí mujeres que van a velocidad récord, bueno a veces también hombres, parece que se saben los pasillos de memoria y casi sin mirar van arrojando productos, generalmente uno de cada uno. Suelen incluir alimentos procesados (como sopas enlatadas, pastas precocidas, verduras congeladas). Este es el grupo de los solteros, de ahí que lo de hacer compras para el hogar sea un mero trámite.

Otro grupo, al que confieso que pertenezco, son los que parecen turistas en el súper, recorriendo pasillo por pasillo, mirando cada cosa con todo detalle y cuidado. En sus carros se suelen encontrar cosas como manteles, trapos, vajillas, adornos y a veces hasta cosas como calcetines, playeras, pijamas… es decir todo eso que no parece ser necesario pero ahí andaba en el camino. Al final (y lo digo con conocimiento de causa) llegas a casa para darte cuenta de que compraste cualquier cantidad de cosas inútiles, pero bien bonitas y olvidaste algo fundamental. Como el agua, la leche o el detergente para trastes… si también he llegado a olvidar comprar papel de baño.

Finalmente, mi grupo favorito. La pareja de “llenitos” (por no decir francamente gordos) que van enfundados en su pants de carísima marca, súper coordinados, con tenis haciendo juego y todos los productos de los que atascan su carrito son light: quesos, leche, yogurt, bebidas, desde luego pechuga de pavo baja en sales, toda suerte de vegetales y ahora, hasta pan light! Son esos los convencidos de que las dietas que vienen en las cajas de cereal son milagrosas y que basta con leerlas y consumir productos reducidos para conservar la línea… bueno ¡al menos la curva!

Así que ahí les dejo. La próxima vez que vayan al súper echen un ojo a ver que compran los demás. Verán que la espera en las filas se hace más amena.

Y ustedes ¿qué compran?

1 comentario:

Charlie Bucket dijo...

Buen ejercicio. Seré más observador en mi próxima visita a la tienda.

Confieso que me divierto analizando a las personas que van a las farmacias –incluyendo las de tiendas de autoservicio- a comprar algún tipo de protección para lo que es el acto sexual. Creo que habla mucho de la etapa y madurez de las personas, de mi imaginación y de la cultura/valores del mexicano.

Algunos ejemplos:
1) Está el que trata de disfrazar el producto y pide riopan, advil, curitas de todos tamaños, imodium, condones, melox plus sabor cereza, vick vaporub, shampoo, jabón, desodorante, algodones, etc. Nunca falta que le pregunte la persona que lo esté atendiendo: “¿imodium y qué más perdón…?
Generalmente se trata de una persona muy tímida y escrupulosa que piensa que está haciendo algo muy malo y que la gente que está en la fila lo va a señalar.

2) Está la pareja que llega al mostrador y (a) ella es la que pide el preservativo, marca y características mientras él sólo aprueba moviendo la cabeza escucha la persona –aquí ya sabemos quién lleva las riendas en el hogar; (b) él lo pide y ella aprueba (pareja moderna, sin tapujos o necesita que ella lo acompañe para armarse de valor y pedirlo)

3) También la que llega y los pide directamente en el mostrador (una mujer viviendo su sexualidad libre y responsablemente que se quiere proteger; ella trabaja y él es amo de casa por lo que no le dio tiempo de pasar a la tienda; o fue a comprarlos porque él está en el auto esperando y le dio pena pedirlos)

4) El que llega al mostrador muy seguro y termina confundido porque es sometido a una entrevista de 30 minutos: ¿qué marca? ¿paquete de 3 o 12? ¿normal, con sabor, aroma, ribbed, anillo vibrador?“ ... y al final le hacen la Mc pregunta… “¿por $30 pesos desea una bebida energizante?”